Microcomunidades y responsabilidad digital

Después de más de cuatro años gestionando una comunidad local de código abierto, más de dos años liderando un equipo de trabajo centrado en la sostenibilidad digital, más de cinco años participando activamente en distintas comunidades tecnológicas y unos diez gestionando equipos, estoy cansada.

Y, en este punto, he llegado a preguntarme: ¿será que las comunidades ya no son para mí? ¿Realmente me compensa seguir intentando conectar con personas?

Entonces, en el Contributor Day—el Día de la Comunidad— de la WordCamp Galicia de este año, vino África Rodríguez de Rural Hackers y me hizo pensar que el problema puede que no sea el qué, sino el cómo.

Quizás sea el momento de cambiar el enfoque. Después de todo, doing good takes a village.

La crisis de las comunidades

Muchas razones pueden llevarnos a sentir que las comunidades a las que pertenecemos—o gestionamos—, no nos dan el retorno suficiente para permanecer en ellas. O al menos no de buena gana.

Dejamos de sentir conexión con la comunidad. Y es posible que haya quien sí necesite un tiempo de ir por libre. Pero antes vale la pena identificar cómo se ha llegado a ese punto.

Fotograma de la película "La Comunidad" de Álex de la Iglesia. Carmen Maura, en primer plano, y todos los vecinos amontonados tras de ellas en el rellano del edificio.
Carmen Maura no sintiendo conexión con la comunidad y necesitando ir un tiempo por libre. Fotograma extraído de la película.

La charla de África me ha ayudado a identificar qué no funciona para mí de las comunidades a las que pertenezco.

Unidireccionalidad

Unos crean contenido o gestionan la movida. Otros aparecen y consumen o siguen la dinámica. O incluso exigen contenidos y acciones a medida. Y desaparecen cuando no les interesa.

La continuidad de “la comunidad” dependerá exclusivamente de que los primeros continúen generando y gestionando.

Pasa en meetups, equipos de trabajo, grupos de Slack/Discord y también es como funcionan los perfiles en redes sociales.

Falta de objetivos comunes

Cuando una comunidad tiene un propósito demasiado general o vago—muchas veces creyendo que cuanto más abierto sea, más gente acudirá—, las personas que se juntan tiende a tener objetivos demasiado dispares.

Captura de pantalla de un bluit de MrFoxTalbot con el siguiente texto: "Ningún viento es favorable si no sabes a qué puerto vas." – Séneca
MrFoxTalbot ha llegado con su sabiduría justo a tiempo para este post.

Eso hace que cada cual reme para un lado, no se crean vínculos y la gente termina sin saber qué hace allí, porque en realidad no está pasando nada.

Obsesión con el tamaño

El tamaño no importa. Importa cómo funcione. La comunidad.

Queremos más seguidores en nuestros perfiles, más asistentes a nuestros eventos y más integrantes de nuestros grupos. Sin embargo, ¿qué construyen esas comunidades para sus miembros o para otras personas?

Nota: Si lo que construyen es beneficio económico para una persona —o un limitado grupo de ellas— no son comunidades, son clientes.

Obsesión con los resultados

A pesar de que las comunidades son, en esencia, personas, casi siempre nos obsesionamos con los objetivos y nos olvidamos de escuchar qué necesita la gente para sentirse a gusto y querer estar ahí.

Y lo que acabamos haciendo es intentar hacer encajar a la gente en nuestra idea de comunidad, en lugar de dar forma a una a partir de personas que realmente quieren formar parte de ella.

La opción de las microcomunidades

Las microcomunidades son grupos reducidos de personas con objetivos y expectativas claros y comunes que se reúnen de forma proactiva para conseguirlos.

África Rodríguez en un momento de la charla junto a una diapositiva con el texto "El poder de las microcomunidades en  el ecosistema WordPress"
Captura de la charla de África Rodríguez.

Esta manera de agruparse tiene algunas particularidades que me han hecho pensar Eh, esto podría ser para mí.

Responsabilidad

En este tipo de comunidades, el anonimato desaparece y la participación proactiva es esencial para que sean viables. Todos los integrantes están en un sitio activo y la responsabilidad individual se vuelve ser indispensable.

Tal y como yo lo veo, ser objetos pasivos nos aleja de la responsabilidad. Así que, las microcomunidades y yo hacemos match aquí.

Eficiencia

Una de las cosas que me ha producido más cansancio de estos años gestionando y formando parte de comunidades es trabajar mucho para no conseguir nada tangible.

No hablo de producción en plan turbocapitalista. Me refiero a esa sensación de estar en un lugar diferente de cuando empezaste. Como cuando terminas un puzzle o consigues ser constante con el ejercicio físico.

Las microcomunidades permiten dar forma a ideas de una manera más directa y profunda. Y si se quiere escalar a cosas más grandes, en lugar de intentar abarcarlo todo, a puro carrillo de hámster, se puede conectar con otras que ya funcionan en otros ámbitos y formar una suerte de red neuronal de comunidades.

Sostenibilidad

Los grupos de gente proactiva tienden a ser más sostenibles.

La responsabilidad y la pertenencia ayudan a ser más eficientes. Y también a adaptarse mejor a los cambios y resistir.

Pero no todas la comunidades tienen por qué estar hechas para durar. Compartir objetivos claros permite determinar desde un principio si la sostenibilidad está entre ellos (como reunirse periódicamente para realizar una actividad) o si existe una fecha de caducidad para la comunidad (como un doaction o prepararse para una maratón).

Esto facilita mucho la gestión de las expectativas para todas las partes.

Además, los grupos de gente proactiva tienden a ser más claros a la hora de partir peras. Todo ventajas.

Humanidad

De la misma manera que un atasco no es un lugar a donde ir, sino un grupo de coches entre los cuales te encuentras, una comunidad es las personas que la forman.

Las personas son la comunidad. Igual que tú eres el atasco.

Las microcomunidades tienen, necesariamente, un componente muy humano, muy de interacción y de involucrarse. Su existencia requiere de proactividad para con todos los integrantes. Es decir: relacionarse con personas, en un amplio y generoso sentido.

Eso es fantástico para entender qué papel juegan las personas—y sus particularidades—en el éxito y la sostenibilidad de las comunidades en general.

Imagen con el texto "I don't HATE people... I just... Never mind, yes I do. I freaking hate people. A la derecha hay la ilustración de una mujer elegante que se mira a sí misma con deleite.
Si abrazas la moda de decir que odias a tofo el mundo, las comunidades no son para ti. Puedes no meterte en ellas y seguir con tu vida. Fuente.

Porque, recuerda, las personas son la comunidad.

No (me) vale la pena ir por libre

Al final, la charla de África me acabó convenciendo: no quiero ir por libre, quiero seguir siendo parte de comunidades, estar con gente, compartir y crear. Y también me ayudó a darme cuenta de que hay maneras de hacerlo diferentes a las que yo había probado hasta el momento (¡y menos mal!).

Con qué me quedo de todo esto

  • Por muchas ganas que tengas de formar parte de una comunidad, no hace falta que estés en un sitio en el que no te apetece estar. Hay otros muchos por ahí.
  • Si no encuentras un espacio para ti, quizás sea el momento de crearlo. Coméntalo con personas afines que conozcas, escribe una declaración de intenciones para llamar la atención de nuevas o busca a tu persona chispa (mírate la charla para saber de qué va eso).
  • Considera empezar pequeño y con un objetivo claro que sea independiente de la cantidad de integrantes.
  • Y, sobre todo, recuerda que una comunidad va de personas. La gente nueva llegará si quienes están dentro sienten conexión y pertenencia.

Microcomunidades, ¿sí o no?

Sentir pertenencia a una comunidad es algo que depende de los objetivos, el contexto y las circunstancias de cada cual. Esta es mi experiencia y mis conclusiones. Pero me encantaría saber si las comunidades que a mí no me funcionan son las que a ti te hacen sentirte en tu salsa.

Si tienes experiencias en microcomunidades, negativas o positivas, que creas que me puedan servir de referencia, me sería muy útiles que las compartieras.

Y, por supuesto, te animo a que veas la charla de África y me cuentes si te ha ayudado también a replantearte algo sobre las comunidades.

SPOILER: En la charla te cuenta el secreto para empezar microcomunidades.

O también puedes mandarme un abrazo virtual si comprendes mi experiencia.


That’s
not all folks!

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